¿Qué es el CETA? ¿Qué implicaciones económicas, sociales y ambientales tiene?

Últimamente se escucha hablar muy a menudo en los medios de comunicación sobre el CETA. Este tratado de comercio entre Europa y Canadá ha provocado una gran movilización social en su contra y una lucha ideológica entre partidos políticos e incluso dentro de alguno de ellos en lo que a su posicionamiento ideológico se refiere. Como ciudadanos y consumidores,¿sabemos qué es el CETA? ¿Qué implicaciones económicas, sociales y ambientales tiene? Trataremos de explicar de manera breve y resumida algunos de los aspectos que rodean a este acuerdo, y sus puntos más críticos.

El CETA es un acuerdo comercial entre el Gobierno de Canadá y la Unión Europea, promovido por ambos gobiernos. Desde la perspectiva de la Comisión Europea se presenta como un acuerdo muy positivo para las empresas y los consumidores. A continuación, mencionamos algunas de las ventajas que Europa afirma que el CETA va a traer (Comisión Europea):

– Eliminará los derechos de aduana

– Facilitará a las empresas de la UE concurrir a la contratación pública canadiense

– Abrirá los mercados a las exportaciones europeas de alimentos y bebidas

– Protegerá los alimentos y bebidas tradicionales europeos (conocidos como indicaciones geográficas) frente a las copias

– Beneficiará a las pequeñas y medianas empresas de la UE

– Beneficiará a los consumidores de la UE

– Hará más fácil para los profesionales europeos trabajar en Canadá

– Permitirá el reconocimiento mutuo de cualificaciones

– Ayudará a las industrias creativas, los innovadores y los artistas de Europa

– Protegerá los derechos de los trabajadores y el medio ambiente.

 

Mencionados algunos de los beneficios que aportará a los ciudadanos el CETA (según la UE), queremos desde nuestro post aportar también la visión crítica a este acuerdo, a la que se está tratando de dar visibilidad desde algunas organizaciones sociales, oenegés y partidos políticos.

A nivel jurídico, la crítica al CETA es extensa. La elaboración de las normas que rigen el acuerdo se ha realizado fuera de control parlamentario y de la ciudadanía, de espaldas a la sociedad civil, sin que se conozcan a los negociadores ni las decisiones adoptadas y con los lobbies como actor principal del poder legislativo, lo que evidencia una falta de transparencia preocupante. Las negociaciones del CETA se hicieron a puerta cerrada y se presentó posteriormente para su aprobación en las cortes, sin debate público. El hecho de que las normas sean creadas por los propios lobbies, supone además la “quiebra de las instituciones democráticas”. (La Marea, 2017).

Otro de los puntos más criticados en el aspecto jurídico del acuerdo es la creación de los Tribunales de Inversiones (ICS), que es un sistema paralelo que queda al margen de los poderes judiciales nacionales, comunitarios o internacionales. No se entiende el objetivo ya que según recoge la propia CETA estos tribunales se basan en los sistemas jurídicos públicos de la UE y Canadá, tribunales internacionales, Corte internacional de Justicia y Tribunal de DDHH Europeo. La interpretación es que estos tribunales paralelos se crean para permitir el acceso a una legalidad “privada”, ad hoc de los intereses de las grandes corporaciones. (La Marea, 2017).

Desde una perspectiva más social, se critica el uso del argumento de la desaparición de aranceles por parte de los defensores del CETA. Hoy en día, los aranceles con Canadá son bastante bajos, por lo que para las grandes multinacionales no supone una gran barrera de entrada. La diferencia está en los estándares de protección de los consumidores, de los derechos sociales y de la protección al medioambiente que hay en Europa hoy en día y que se verán sometidos a bajadas con este acuerdo.

Un ejemplo interesante desde la perspectiva de los derechos laborales es el de la protección de los trabajadores, ya que la negociación colectiva no se menciona en todo el texto. Canadá aún no ha ratificado todos los convenios de la OIT (Organización internacional del Trabajo) y la Comisión Europea ha rebajado la defensa de los trabajadores con este acuerdo. (Florent Marcellesi).

Si hablamos de los consumidores hay también varios casos que preocupan. Por ejemplo, en 2013, y como gesto de buena voluntad, la UE eliminó la prohibición de lavar y procesar la carne de vaca y ave con agua clorada, lo que ilustra la predisposición de Europa de bajar sus exigencias de protección a los consumidores. Otro ejemplo llamativo es el del salmón. Ha sido el primer alimento genéticamente modificado aceptado para el consumo humano en Canadá, y se ha modificado para que crezca el doble en menos de la mitad de tiempo. Hoy en día, la importación de salmón tiene un arancel del 15%, pero con el CETA ese coste desaparecerá por lo que se podrá vender en Europa. (El salmón Contracorriente).

Por último, mencionamos también algunos puntos críticos del CETA respecto al medioambiente. Una de las mayores preocupaciones viene de las ventajas que obtendrán las empresas energéticas que producen energía fósil como el gas o el petróleo, ya que el acuerdo facilitará aún más la importación a Europa gracias a la práctica desaparición de los aranceles. Esto va radicalmente en contra de los acuerdos de París y el compromiso europeo de reducir el consumo de energías fósiles. De hecho, en 2014, la UE ya excluyó el combustible proveniente de arenas bituminosas del ámbito de aplicación de la Directiva sobre la calidad de los combustibles. Otro ejemplo de las “rebajas” de Europa para beneficiar a las grandes corporaciones.

En este sentido, las organizaciones ecologistas ven el CETA como un obstáculo más en la transición hacia un modelo energético más sostenible. El acuerdo no solo no contribuye a este proceso, sino que alimenta el sistema económico-financiero que nos ha llevado a la crisis ecológica en la que vivimos actualmente.

Más de 1600 páginas componen el texto del acuerdo comercial y sus normas, y solo 32 páginas para regular los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos de la ONU. Y si miramos a otros tratados comerciales internacionales, tampoco es que se pueda decir que son beneficiosos para la sociedad en su conjunto ni para el medioambiente. Todos los acuerdos comerciales conocidos han tenido consecuencias negativas en el empleo en los países que los componen porque siempre hay sectores beneficiados y otros perjudicados. A nivel económico-financiero son beneficiosos ya que permiten el comercio y la producción masiva, y generalmente son los grandes productores los beneficiados y los pequeños productores los perjudicados.

Ander Garcia

@andergn