INFORMACION vs DESINFORMACION. El dilema del consumidor

Son varios los estímulos que, a nivel del consumidor, pueden llegar a informar, pero también a confundir al consumidor sobre la naturaleza, el origen, los beneficios y, sobre todo, el impacto que puede tener sobre la salud un determinado producto.

Y no es de extrañar. Los profesionales sanitarios estamos acostumbrados a debatir y argumentar muchos de los mitos existentes en materia de alimentación, seguridad alimentaria, idoneidad de tratamientos farmacológicos, uso de las vacunas y otros temas tan candentes en nuestra sociedad.

Y es que disponer de una información adecuada y unánime parece tarea imposible, y en parte, así lo es. ¿Cuántas veces nos ha dicho que el huevo aumenta el colesterol, que el aceite de oliva hace unos años parecía ser la peor de las elecciones, o que era mejor tomar leche desnatada para evitar las grasas saturadas? Pues sí, señores, la ciencia es cambiante, y lo que puede ser válido hoy, puede que mañana no lo sea. Y esa es la grandeza de la investigación.

 

Pero no por ello dejan de ser válidos los mensajes lanzados hacia la población desde las instituciones y organizaciones sanitarias, así como de los profesionales sanitarios. No obstante, en muchas ocasiones surgen polos extremos que pueden ser peligrosos y causar un efecto contrario al que se pretende.

Es cierto que muchos de los anuncios que abundan en televisión y los mensajes nutricionales que llevan los productos, o incluso la disposición de los productos en el supermercado pueden llegar a confundir al consumidor utilizando estrategias de marketing bien pensadas, y consiguiendo vender un producto menos saludable que otro.

Pero por ello es importante tener información objetiva y bien interpretada, con mensajes claros que los consumidores puedan entender y así, elegir de entre las distintas opciones. En alguna ocasión he visto como alguna organización criminaliza a los consumidores al elegir determinados alimentos frente a otros, cuando realmente el problema es que el consumidor no sabe interpretar bien la información.

Está claro que las decisiones políticas para hacer frente a la pandemia de la obesidad y enfermedades cardiovasculares, entre otras, cada vez más crecientes, no han sido útiles. Tampoco lo han sido las campañas informativas y sobre concienciación, y, parece que la mayor presencia de profesionales dedicados a la nutrición y a la actividad física, aunque no dispongan en plazas en la sanidad pública, tampoco.

El trabajo debe ser desde la vertiente multidisciplinar, e implicar a todos los profesionales (sanitarios, de la actividad física y el deporte, y también los profesionales de la educación), instituciones, gobiernos, junto al compromiso de la industria alimentaria, a la vez que el fortalecimiento de políticas alimentarias (aumento de los impuestos en productos procesados con perfiles nutricionales poco saludables).

Por ello es importante ir en coordinación, para que la lucha para acabar con la obesidad y las enfermedades asociadas tenga un recese tanto en su incidencia como en su prevalencia.

 

Anna Sauló

Dietista-Nutricionista Deportivo en ElikaEsport